Un agente entró a la sala de interrogatorios. Yo, como de costumbre, permanecía tranquilo, no me giré para mirarlo. Sabía que sería el mismo agente de otras veces -ni sabía como se llamaba, ni me importaba-, aborrecía su cansada expresión de abatimiento. Demacrado por tantas y tantas frustaciones, muchas de ellas por mí.
-Otra vez tú. Has durado poco afuera, eh?
-¿Me echabas de menos?
-¡Escúchame bastardo! Esta vez te vas a pudrir en una prisión, te vamos a encerrar de por vida.
-Eh, eh, eh. ¿De qué me está acusando?
-¿Te suena la historia de una familia entera asesinada en su casa?
-Eeeeeh... no.
-¿La sangre por las paredes y por el suelo? Acuchillados, ¡TODOS!
-Parece muy triste.
-Deja de tomarnos el pelo a todos. Tenemos pruebas que te incriminan. Tus huellas en el arma homicida, ADN junto a las víctimas y pisadas que coinciden con tus zapatos.
-¿Qué quieres? Vivía allí.
-Ah, parece que ya vas recordando algo. Cuentamé porqué lo hiciste.
-No recuerdo bien, fue hace veinte años. ¿Viste el dibujo?
-Haz memoria. Si te declaras culpable tal vez no te tiremos a un pozo.
-¿Viste el dibujo?
-¿De qué coño estás hablando?
-No viste el dibujo. Tú te lo pierdes, me quedó muy bien, todos los detalles... tal vez tengas algo allí.
El agente salió de la sala como un rayo dando un fuerte portazo y gritando "¡Como una puta cabra!". Ea gracioso y divertido ver enfurecer a la gente. Y si, lo recuerdo muy bien... Yo no había sido, o eso creía. Recuerdo haberme dormido y despertar con aquel dibujo en la mano, y mi familia ya estaba muerta. Tenía sangre en las manos.
Después de aquello me fui de aquella casa, vagué por las calles intentando olvidar todo lo que había pasado. Y por un momento creí haberlo superado y olvidado -tras un par de semanas en la calle-, y entonces ocurrió de nuevo.
Esa vez fueron unos matones. Me refugié de ellos en un callejón, tras un contenedor, y de repente... me dormí. ¡Era imposible! Nadie se hubiera dormido en una situación como esa. Fue como una pesadilla.
Cuando desperté de nuevo tenía otro dibujo en mis manos, no me hizo falta mirarlo. Giré la vista... estaban muertos, degollados. Yo ni siquiera me había movido de mi posición.
Desde entonces ha sucedido más a menudo, hasta que murió un guardia de seguridad. Entonces sí que me cogieron. Hasta ahora he pasado por esta sala varias veces, pero nunca tenían pruebas. Ahora que han investigado más, parece que también lo de mi casa... temo que vuelva a pasar.
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Pasé en la sala de interrogatorios todo el día.
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Serían las 8 de la tarde, fuera empezaba a oscurecer. Me dolía la espalda de estar apresado en aquella silla infernal, ¡joder, qué incómoda! preferiría sentarme en el suelo. Empecé a notar que los sentidos se me nublaban, estaba sumido en mis pensamientos, casi ni me di cuenta de que entraron dos agentes.
Empezaron a hacerme preguntas, no escuchaba. Me zarandearon para que les mirara, no quise moverme. Me... golpearon...
Entonces, de la manera más absurda imaginable en una situación como esa... sentí el peso de mis propios párpados y el sucumbir de mis fuerzas... me dormí...
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Ahora acabo de despertar y, recordando todo esto, me doy cuenta de que tengo que salir de aquí. Pronto empezarán a buscarme de nuevo.
viernes, 22 de mayo de 2009
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