martes, 13 de octubre de 2009

Los Libros

- ¿Qué...? ¿Qué ha pasado? [Me sentía como si me hubiera atropellado un tren.]
- ¿Estás bien?
- No lo sé... creo que si. [Por supuesto no era cierto.]
- Levántate.
- ¿Qué es este sitio? [Todo blanco, sin suelo, sin techo.]
- Es tu cabeza.
- ¿Qué? [¿Tan vacío?]
...
- ¿Y qué es todo esto del suelo? [Era un desastre, todo sucio, parecía que hubiera habido una demolición allí.]
- Eres tú. Lo que queda de ti. Los restos de tu cabeza. Ve, recógelos.

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- ¿Ya estás de vuelta?
- Si. [Aunque no sé de dónde venía.]
- ¿Y qué tal?
- Bueno, no había gran cosa de una sola pieza. [Estaba todo destrozado.]
- ¿A qué te refieres?
- No estoy seguro, pero solo había tierra, o polvo, o algo parecido. Y de distintos colores. No lo entiendo. [¿Colores? ¿Porqué esos colores? Se confundían unos con otros, una locura.]
- ¿Qué traes ah´entonces?
- A eso iba... esto es lo único que he encontrado. Son... libros... tres. [Grandes libros, pero parecían sencillos.]
- ¿Tres libros? Interesante.
- Míralos. [Allí estaban.]

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Tres libros, parecían viejos, pero al mismo tiempo con poco uso. Eran de esos libros con tapas duras que insinúan una gran obra. Pero... parecían tan.. sencillos... No tenían título, ninguno de ellos. Dos de ellos eran exactamente iguales, el tercero era más fino y era visiblemente más nuevo.

Me dispuse a abrirlos. Elegí uno de los más gruesos, el que parecía más antiguo. Abrí la tapa. Y leí lo que parecía un título: "Blanco". Y justo debajo un número romano indicaba: "I". Debía ser el primer tomo.

Cogí después el siguiente, el que parecía antiguo también. Por fuera era igual que el primero. Abrí la tapa, esta pesaba más, eran iguales pero este pesaba más. Un título con letra gótica decía: "Negro". Seguido también de un número romano: "II".

Sólo quedaba uno. A simple vista parecía un cuaderno, solo que algo... distinto. Era considerablemente más nuevo, sin embargo había señales de haberse usado poco antes. Abrí la tapa, era sorprendentemente ligera, como si fuera una página. En el interior había un título escrito a mano: "Gris. El hijo bastardo. 3." PArecía no cuadrar con los otros dos. Estaba escrito a mano, tenía dos títulos y el número no era romano, era muy distinto.

Pero todos ellos tenían una característica común en el contenido. Eran tan complicados... llenos de metáforas, citas y otras cosas. No pude seguir un hilo argumental, como si alguien hubiera escupido en ellos pensamientos aleatorios. No he logrado entender nada.

Por el momento solo sé que... todo lo que me queda son estos libros y no sé que hacer con aquella locura destrozada donde los encontré.