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-¿Qué tal el paseo?
-¡JODER!
-Tranquilo, soy yo otra vez.
-Lo siento, no te había visto. [Otra vez él, con su serena sonrisa.]
-¿Un viaje placentero?
-Impresionante. [Grandísimo hijo de p...]
-Cuéntame...
-Pfff! La verdad es que lo veo todo emborronado.
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Era como una especie de sueño abstracto, retorcido hasta el cansancio. Agotador como una maratón. Angustia, dolor, desesperación... Entretejido en una gran red de flashes. Flashbacks en blanco y negro. Risas sin rostro y miradas mortales. No eran recuerdos felices, había demasiado por decir.
Como una presa a punto de desbordar. La presión insoportable que amenaza con tumbar los enormes muros. Se escapa agua por alguna grieta. No puede evitarse, hay demasiada agua... Entonces, llegado un momento, las grietas dejan de importar... Rebosa por arriba, como un problema ajeno al hormigón. Es más de lo que una construcción puede soportar. Crack...
El ingeniero, viejo y demacrado, no puede observar. Un niño lo guía, le cuenta la tragedia. La obra de un viejo, destruída por inercia, vista por un niño... Una vez relatado el suceso... "Ahí te pudras, viejo". ¿Dónde está el niño?
Ahora solo un torbellino sin sentido. Como una película antigua con efectos modernos. Muchos detalles, formas y sombras. Pero, como burla a la razón, los colores dimiten de vivir. Un tornado de autodestrucción que asola cualquier atisbo de razón en un pequeño cuerpo en el centro. De repente, cuando parece que la tormenta se desvanece, este insignificante personaje se ve encerrado. Una habitación como nunca había visto. Tres paredes, tres esquinas, dos sombras, una luz. No se atreve a moverse, le aprisionan las esquinas y se queda en el centro. En la luz ve a un anciano como un fantasma, en otro rincón hay un chiquillo acurrucado, y en la otra esquina... nada, oscuridad. Sólo le llegan susurros distorsionados. Se tapa los oídos, quiere gritar, pero... El anciano le tapa la boca, el niño llora, y una sombra lo estrangula. Teme morir sin temer al dolor que siente.
Y, al final, la mayor burla para una historia antigua. Con un gran cuchillo llamado Ironía, clava y retuerce hasta desangrar. El rojo sangre mancha las paredes, no como simples manchurrones incoherentes, mas bien como sutiles demostraciones de estilo y ambigüedad. Sangre aqué y sangre allá. Pero aun siendo sangre y saber que es mía, es cálida. Una calidez que casi me hace llorar de alivio.Ahí estaba, con un manto de sangre en una sala extraña. Sorprendentemente a gusto.

