-Uh?
-La historia no acaba ahí, ¿cierto? [Seguía sonriendo]
-No, supongo que no.
-Cuéntame el siguiente capítulo, seguro que es diferente.
-Ya te lo sabes, ¿porqué debería contártelo?
-No me lo cuentas a mi, sino a ti...
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El viejo se desvanecía, desaparecía... Aunque no sabía porqué, estaba desesperanzado, no apreciaba a aquel anciano, pero era lo único que tenía. Mi única compañía, su solitaria conversación prepotente. Ansiosamente miré a mi alrededor... Era mi sitio... mi lugar... mi hogar... mi claustrofóbica prisión. Me encontré escudriñando un viejo espejo, enorme. Aún recuerdo el dolor de los cristales rotos, las heridas en los puños y la brecha en la cabeza... cuando desapareció por completo del reflejo.
Lo recuerdo muy bien. No sé situarlo, pero lo recuerdo. Podría haber sido ayer, o años atrás. La semana pasada, o hace diez minutos. Lo cierto es, y cuesta aceptarlo, es que "él" ya no está. Al menos no como antes, espero que no vuelva.
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Por fin, el momento de cruzar el marco de la puerta nueva ha llegado. Los retorcidos decorados góticos del espejo quedaban mejor como puerta. Una intensa ansiedad asaltaba mi ser, estaba agitado, no sabía a dónde me dirigía. Solo una nueva fuerza incontrolable me impulsaba a hacerlo, dar un paso mas y asomarme. ¿Has sentido alguna vez esa sensación de incredulidad cuando en alguno de tus sueños todo pierde sentido y la lógica se burla de ti, tus pensamientos y rus recuerdos? Pues bien, son todo tonterías.
Sentí un estacazo en el pecho, una opresión mortal que me impedía respirar. No podía ser cierto. ¡No podía ser! Era inconcebible. ¿Estaba completamente atrapado? La misma habitación. Distorsionada. AAARGH!!! ¿Qué le han hecho?
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Una copia idéntica en forma, enemiga en colores. No reconocía aquello. Extraño, llamativo y ordinario. Aquello que llaman "rojo". ¡Un color! ¡ALLÍ!
Crucé la estancia y me dirigí a donde recordaba situada mi ilusión enmarcada. De nuevo, como siempre, distinto. Por suerte o por desgracia, fue fácil. Aparté el velo gris y seguí adelante.


