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Lo que vi a continuación es algo que… duele recordarlo. Me marcó, realmente lo tengo grabado en mi mente… y sospecho que de alguna manera también en mi cuerpo. Echando la vista hacia arriba, algo no cuadraba, pero eso era algo que ya no sorprendía. Era un techo altísimo, como una catedral, realmente “parecía” una catedral… tenia un cierto toque gótico. Pero… entonces… mire a mi alrededor. Una imagen macabra, perturbadora, como si todo fuera una mala pesadilla de un niño con mucha imaginación. Empecé a sentirme mal, muy mal. El corazón se me aceleraba, mi mente intentaba asimilar el horror, no podía… caí al suelo con las manos en la cabeza, temiendo que estallara en mil pedazos. Un pedazo por cada maniquí torturado de aquella perversa escena.
Decenas, cientos, quien sabe si miles… Maniquíes. Sin ropa, mutilados, manchados, desgarrados. Y los detalles eran lo peor. Cada uno de ellos estaba masacrado de una manera distinta.
Cortes varios, miembros arrancados, decapitados o simplemente retorcidos. Con todo tipo de objetos atravesándolos… cuchillos, tijeras, estacas… Todo gris y todo muerto. Tenia ganas de vomitar. ¿Qué clase de mente retorcida puede hacer eso? ¿Qué ha ido tan mal para acabar así? No tenia fuerzas ni ánimos como para intentar buscar una respuesta. Simplemente me repugnaba.
De repente, reparé en algo que no había visto al entrar. Otra vez, un espejo. Justo delante de mi había un espejo apoyado en una columna, estaba roto y parecía viejo. Pero era distinto a los otros, éste era bastante sencillo y tenía una placa metálica al pie. Me acerque para ver que era. Limpié el polvo con los dedos y leí: “Busca. Suicidio mental.”No lo entendí.
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No sabía bien qué hacer. Debía haber algún tipo de salida, pero aquello era enorme, y estaba lleno de “esas”cosas. Decidí armarme de valor y recorrer la estancia.
Recorría deprisa las hileras de muñecos. Evitando fijarme demasiado. Desgraciadamente, sin yo quererlo, me detenía en alguno especialmente macabro… clavos en los ojos, alguno casi partido en dos de un hachazo… Todo eso me estaba afectando… la vista se me nublaba y me estaba mareando. No podía seguir adelante… mi mente se partía. Vomite tres veces antes de decidirme finalmente a volver. Busque el camino y volví a donde estaba el espejo.
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Algo había cambiado. ¡Otra vez! Había un maniquí que no estaba al principio. Tampoco estaba como los otros. Era un maniquí completamente blanco y limpio. Estaba agachado… como leyendo la placa metálica que horas antes estuve leyendo yo. Cuando aun no me había acostumbrado a ver muñecos destrozados, me tuve que encontrar con ese. Casi no se podía ver el contorno, solo metal y más metal… al parecer se había llevado la peor parte. Todo tipo de objetos punzantes sobresalían de el.
Algo me decía que tenía que seguir. Y, en efecto, el espejo era de nuevo una puerta. Una estrecha escalera de caracol descendía hacia la inmensa oscuridad de un sótano.
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Ahora entendía… Me estaba volviendo loco. Alguien jugaba conmigo y yo no podía hacer nada más que seguir su juego. Quería morir, parar mi cabeza, mi pensamiento… estaba sobresaturado. Me volvieron dos palabras a la mente, entre todo el torbellino de desesperación…
“Suicidio mental”


