martes, 6 de marzo de 2012

Aquellos antiguos tópicos


Aquella noche pareció todo un poco más tranquilo. Extrañamente tranquilo. Por experiencia pasada, en ocasiones olvidada, no era bueno. Brotaban frases sin sentido en una hoja que no le pertenecía. Atento espectador de marcos sin retrato. Atento espectador de cine que espera no ser asesinado en la sala por las imágenes suicidas. Maniático. Excéntrico devorador de ideas absurdas, de ideas posibles en ninguna coherencia. Posibles.

¿Te sorprende, muchacho, que la historia se repita? ¿Te sorprende que lo sospecharas? Ingenuo cabrón. Pretendiste aventurarte en emocionantes películas y nunca fuiste buen guionista. Cómete con tu propia sangre esas mentiras, ya que tienes el cuchillo en la mano. No tiembles, deja una cicatriz fea. No, no te mires la rodilla. Siempre me gustó.

Solloza recuerdos y visiones a fuego. Se pregunta porqué ahora. Se cuestiona. Cuestiona lo que no debe. Calla lo que quiere. Y dice lo insoportable. El corazón se le agita por un 'te quiero', y los suyos nada valen ya. Hablar de amor es sumirse en el más llano rasgo de una humanidad decadente, por ser optimista. Completa repulsa a la concepción. ¿Qué cree que hace? ¿Qué demonios es eso? Ni siquiera sabe lo que es el odio. Llama a eso chiquillada.

A pasos agigantados se prevé la discordancia de una vida abocada al desorden. A lo lejos podría quedar el tumulto de praderas construidas sobre bloques prefabricados de sentimientos ajenos. Sentimientos degenerados por el paso del tiempo. No pertenecen. Son compartidos y repartidos. Ya no existe un sólo sentimiento o pasión sin destrozar, como buitres sobre el cadáver del poeta. Como famélicos seres en busca del olor a... ¿qué? Ya no se busca. Sólo queda el suicidio premeditado y consensuado de la originalidad.

Al fin y al cabo, ¿qué importa?

Jamás otras preguntas serán importantes. La mente se vuelve el desagüe al que tiende todo orden, y con ello se lleva a todos por igual en distinta dirección. Siempre habrá hundidos bajo triunfadores. Siempre habrá personas bajo máscaras. Siempre las máscaras prevalecerán en rostros sin expresión. No hay careta genuínamente disonante, no hay rostro sin genuina sonrisa.