Aquella noche pareció todo un poco más
tranquilo. Extrañamente tranquilo. Por experiencia pasada, en
ocasiones olvidada, no era bueno. Brotaban frases sin sentido en una
hoja que no le pertenecía. Atento espectador de marcos sin retrato.
Atento espectador de cine que espera no ser asesinado en la sala por
las imágenes suicidas. Maniático. Excéntrico devorador de ideas
absurdas, de ideas posibles en ninguna coherencia. Posibles.
¿Te sorprende, muchacho, que la
historia se repita? ¿Te sorprende que lo sospecharas? Ingenuo
cabrón. Pretendiste aventurarte en emocionantes películas y nunca
fuiste buen guionista. Cómete con tu propia sangre esas mentiras, ya
que tienes el cuchillo en la mano. No tiembles, deja una cicatriz
fea. No, no te mires la rodilla. Siempre me gustó.
Solloza recuerdos y visiones a fuego.
Se pregunta porqué ahora. Se cuestiona. Cuestiona lo que no debe.
Calla lo que quiere. Y dice lo insoportable. El corazón se le agita
por un 'te quiero', y los suyos nada valen ya. Hablar de amor es
sumirse en el más llano rasgo de una humanidad decadente, por ser
optimista. Completa repulsa a la concepción. ¿Qué cree que hace?
¿Qué demonios es eso? Ni siquiera sabe lo que es el odio. Llama a
eso chiquillada.
A pasos agigantados se prevé la
discordancia de una vida abocada al desorden. A lo lejos podría
quedar el tumulto de praderas construidas sobre bloques prefabricados
de sentimientos ajenos. Sentimientos degenerados por el paso del
tiempo. No pertenecen. Son compartidos y repartidos. Ya no existe un
sólo sentimiento o pasión sin destrozar, como buitres sobre el
cadáver del poeta. Como famélicos seres en busca del olor a...
¿qué? Ya no se busca. Sólo queda el suicidio premeditado y
consensuado de la originalidad.
Al fin y al cabo, ¿qué importa?
Jamás otras preguntas serán
importantes. La mente se vuelve el desagüe al que tiende todo orden,
y con ello se lleva a todos por igual en distinta dirección. Siempre
habrá hundidos bajo triunfadores. Siempre habrá personas bajo
máscaras. Siempre las máscaras prevalecerán en rostros sin
expresión. No hay careta genuínamente disonante, no hay rostro sin
genuina sonrisa.

