Feliz ignorancia... te echo de menos.
Cuando el ciego no sabía que tenía delante, cuando no le hacía falta saberlo, y ni siquiera sabía si quería saberlo. Parece que no estaba ciego del todo, tal vez fueran unas cataratas puestas a traición. Parte de la bruma se ha ido disipando...
...¿para qué? Solo para darse cuenta de donde está metido, en un puto cenagal cubierto de mierda hasta el cuello.
Y ojalá solo fuera eso... tétricos chistes que me tiro como piedras hacia arriba, esperando que alguna se decida a abrirme la cabeza. Y entonces...
...¿qué estás haciendo? Lucha contra tu alrededor, escapa, enfréntate. Y...
...vuelven las piedras. Y no todas son mías.
...
Y yo creía que mentía... ignorante. Allá afuera hay mucha más mierda. Y no siempre la verás venir. ¿Qué hago ahora?
...
Tal vez lo mejor... sea... reconstruir...
no... No creo que pueda pasar por eso otra vez... Volver a levantar los muros. Resistir los asedios con muros más fuertes, ¿es eso lo mejor?
Definitivamente no. Pero mis guerras son mías. Y, ¿quién quiere involucrarse en la guerra del vecino? No debo dar esa opción. Y si la guerra destroza todo lo que toca, yo me iré con ella, ¿qué más da?
...
Guerra dentro, guerra fuera. La de afuera... paso de ella. La de dentro... bueno... la locura tampoco está mal, ¿no? Me acostumbraré a mi locura...
No llego a comprenderlo, es como si hubiera abandonado mi castillo... me he plantado frente una puerta que no era la mía a la espera... no puedo hacer más.
¿Hospital psiquiátrico? Ven, si quieres, te enseño el camino...
lunes, 28 de septiembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario