En mis aventuras por descubrir los secretos de la mente, al menos una parte de ella, me he topado con todo tipo de cosas. Sentimientos, sueños, esperanzas, lazos... pero sobretodo confusiones, muchas confusiones. Pero de entre todos los escombros que guardan las mentes de pensamientos recortados y doblados, ocultos a la vista, pero que están ahí, solo hay que desenterrar lo olvidado, lo ignorado. Quizá las respuestas estén dos metros bajo tierra.
Es así como encontré una vieja historia inacabada, ni siquiera estaba formada, pero ya existía. Las ideas flotaban por un espacio oscuro e infinito a la espera de ser cazadas. Hablan por sí solas, de la única manera que una idea puede hablar a otra idea.
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Cuenta la historia que un hombre se hayaba en medio del océano, superviviente del naufragio del barco donde viajaba.
Estaba completamente solo, en una pequeña barca, a la merced de los elementos. La barca aguantaba bastante bien las tormentas, si se producía algún desperfecto lo arreglaba, si llovía se acurrucaba. Durante un tiempo estuvo "viviendo" en aquella barca a la deriva. Y no murió, pues había esperanza. Sobrevivió, y llegó a la isla de sus sueños.
Se la encontró de repente, de alguna manera creía que la encontraría tarde o temprano. Era perfecta, una isla pequeñita con todo lo necesario para vivir. Contruyó allí un pequeño refugio con las tablas de madera de la barca. Recogía comida de lo que le daba la isla, no había nadie que le molestara, tenía mucho tiempo para pensar en sus cosas, escribía historias. Todo era perfecto, un sueño perfecto. El clima también era bueno, casi siempre hacía sol, y sólo llovía suavemente cuando el calor secaba la tierra. Tan feliz.
Pero aquel hombre pensaba, y la duda empezó a abrirse paso en su feliz mente. Sospechaba que, al igual que el barco, aquello también tendría un fin. Y así ocurrió.
El clima soleado se vió ensombrecido por las tormentas y los maremotos. El hombre se aferraba a los árboles, se aferraba a la vida. La isla sucumbió a la ira del mar, una serie de inmensas olas se abalanzó sobre ella y arrancó todo signo de vida de aquella tierra. Antes solo era un punto escrito en un gran folio azul, ahora ni siquiera eso.
Nuestro hombre se vió a sí mismo con pena. Agarrado aún a un tronco, ahora muerto, de nuevo a la deriva. Arrastrado por las olas se pregunta que será de él... piensa en la muerte. Tal vez sea su fin. Las tormentas y el granizo azotan su cuerpo desprotegido. Sueña con la isla, y muere un poco cada vez. Duda... duda de la exitencia de la tierra, de cualquier tipo de isla. Ni siquiera sabe si estuvo en aquella isla o si todo fue un sueño estando en su barca.
Muere un poco cada día.
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Hablando de idea a idea, de mente a mente, todo se confunde. Al igual que el blanco se mezcla con el negro, el negro se mezcla con el blanco y el gris se encuentra mareado y saturado. ¿Qué es arriba y qué es abajo? ¿Dónde está el futuro y dónde mi pasado? ¿Quién soy y a dónde voy?
¿Tiene esto algo de sentido? Dudas. No busco más respuestas, tengo demasiado, quiero volver a ser ciego, construir a ciegas muros al azar. Que paren lo que puedan y que si caen no importe. Arquitecto de mentiras, las mentiras que alimentan al mundo.
Se oyen truenos otra vez.
jueves, 5 de noviembre de 2009
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