miércoles, 20 de octubre de 2010

Secretos Guardados

Querido diario:

Te debo una historia. Nunca he escrito un diario, así que me faltan todas. Y de todas esas historias que me quedan por contarte, quizá solo haya una que no conoces. Pero tanto tú como yo sabemos que eso no es así. Es una historia… una historia nada más. Sin más importancia que otras pero con el poder de destruirlas. De haber destruido las siguientes y, sin duda, de ensombrecer las anteriores.

Te lo debo, me lo debo. Ha llegado el momento y no pienso parar, esta vez no.


………………………………………………

Querido diario:

He de aguantar, todo se está calmando y no debo caer. Llevamos meses sumidos en lo más profundo de estos oscuros pensamientos que desgarran y tensan cada fibra de este miserable cuerpo. Lo peor está dicho, el dolor está ya sufrido y nadie quiere sino pasar página. Así es como he empezado el día.

Charla insulsa como siempre, sonrisas y carcajadas frente a la consola. Esta tarde también estoy solo, un poco abandonado entre los amigos, hace recordar pero no molesta.

El río, encauzado, choca contra las rocas y amenaza con desbordarse, pero el camino está trazado y el río quiere seguirlo, seguir su camino y naturalmente escogido. Pero el río es río. Quiso el río volver arriba y sin embargo se encuentra en una cascada, envuelto en la neblina y apenas viendo unos pasos más allá. Y es así como el río quiso subir.

Sin apenas darme cuenta, oí un susurro. Agua o voz, no hay distinción, tiene que hablar conmigo. Confiesa una interesante sospecha, casi teoría conspiratoria, incrimina, duda, desconfía… Asiento con mi mejor cara de póker, sonrío. La noche transcurre sin más.

Hay insectos que se mueven de noche. Hay insectos que crecen en otros animales. Hay insectos venenosos y a menudo mortales. Una idea es como un insecto. Se adueña de mí y toma el control. Dicta cada pensamiento y dirige mi mirada hacia donde interesa. Razón y cuerpo se separan, otra vez, se rompe la unión. ¿Qué unión es esa? Cemento fresco. Y pese a eso, duele aún más, se va llevando pedazos de ladrillos, anclándose en lo más primitivo de mi ser. Y lo desgarra.

Poco a poco va germinando, va tomando forma y poco a poco voy muriendo. Caigo y caigo sin control alguno, río abajo sin bote. He cambiado un hambriento océano por un furioso torrente. Sí, esa es la diferencia.

El día siguiente no promete mejorar. La noche fue larga y tampoco dormí demasiado, me levanté tarde y anduve somnoliento por la casa. Con la dificultad más propia de un cadáver que de un ser vivo resacoso y hundido. Apenas probé bocado y pensé que una ducha me despejaría… al fin y al cabo aún faltaba más de un día.

Entré al cuarto de baño, dejé la ropa limpia a un lado, cerré la puerta y caí bruscamente de rodillas al suelo. Hundí mi cara en mis manos y ahogué un grito agónico. Quise acabar con todo, quise huir para siempre y no volver jamás, quise mojar el suelo con mi alma. Ni siquiera lágrimas quedaban ya… Mi cuerpo abierto se negaba a escucharme, nadie ya me escuchaba… y yo menos. Asomé el metal por mi muñeca y todo dio vueltas, una vez… y otra… y otra…

Acurrucado en la ducha, tiritando y gimiendo como un niño al que han castigado. Mi razón quería escapar de este cuerpo… En cambio, permanece clavada detrás de mi renovada máscara recordándome que sigue ahí, para no permitirme olvidar el dolor y recordármelo en momentos como este. La más dura de las ironías. Mis malos pensamientos siempre me vuelven, duelen más de una vez. Todo se puede dejar a un lado, ponerte tu mejor ropa de fiesta y salir a divertirse olvidando los periódicos pinchazos de realidad en cada poro de mi piel.

De esta manera, atrapado en mí, voy camino de este domingo. Encarado ciegamente a escribir las palabras más simples y más duras de las que jamás me haya arrepentido tanto de pensar.

………………………………………………

Sí que pude volver a hacerlo…

No hay comentarios:

Publicar un comentario