He vivido lo suficiente como para saber que no hay tinta que quede así en un papel tan viejo. No hay tinta tan roja, tan carmesí, que con el paso del tiempo no se pudra y se encadene a los acontecimientos con tanto sufrimiento como el marrón de la sangre seca. No es tinta, es Vida.
Firmé. Y sabía lo que hacía, para tu fingida sorpresa. Tampoco pudiste fingir serenidad, ¿verdad? Sí, fue suicidio, pero el miedo también estaba escrito, y puedo prometer que no era mío.
Sin márgenes. Sin opciones. Sin concesiones.
Sólo


No hay comentarios:
Publicar un comentario