“Perdido, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Lo recuerdas? Apuesto a
que no. Y por cómo te veo puedo decir que te arrepientes. No, no agaches la
cabeza, mírame. Mírate. Este eres tú, lo eras, y lo serás. Ni te atrevas a
apartar la mirada.
Sabías que pasaría, lo pensaste, lo aseguraste y lo
descartaste. Necio confiado… si tan siquiera hubieras sido lógico, incluso
ilógico, pero no, tuviste que pretender. Intentaste apoderarte de una felicidad
en la que no crees, aferrando tu tan poco apreciado pseudo-concepto de vida a
este plano de conciencia que bien pudiera ser otro. Tuviste que poner la niebla
al sol de cara.”
Su diario debía ya odiarle por todo aquello. Repasar lo escrito
en momentos de dudosa concentración (o completa, según momentos) significaba
arrancar la hoja, con fuertemente controlada ira a pulso con el desdén. Odiaba
y despreciaba aquella persona. Y, por otra parte, la mera idea de que las
ideas, con tanto tiempo moldeadas, criticadas, comparadas, odiadas y amadas,
pudieran quedar petrificadas en un pedazo de folio… era una estupidez. “Esas
cosas no estás hechas para quedarse quietas”, pensó en algún momento. Escribir,
repasar, son cosas que sin diario es posible olvidar mejor. Sin diario, sin
tentación, sin pluma ni cordura con que esbozar un atisbo de continuidad.
Se perdió en sus propias nubes de indecisión, de
inconcluyentes finales a toda opción considerada, que no eran pocas, cerrando
el círculo que dibujaban los mecanismos de prioridades, ¡hacia afuera! Todo
posible. Todo, pero poco, probable.
“Aún fallas, ¿verdad?”
Por supuesto que fallaba. No era el objetivo acertar tal
lotería. Todos se equivocaban.
Al final, el problema siempre había sido el mismo. Nada
había cambiado, obviando la nimiedad de que no se había dado cuenta. Supuso,
como siempre, que el único fallo posible es la completa falta de consciencia de
la razón de todo. Sólo una posibilidad de fallo, tan fácil de evitar si sólo te
fijas en él, ¿no? Cualquiera lo diría, si sólo tienes que fijarte en no caerte
por “ése” acantilado, no será tan difícil esquivarlo. Pero es un problema algo
amplio como para solucionarlo sin más, es, quizá, algo grande. Demasiado
grande.
Tanto ha querido abarcar que ahora se ve sólo, imaginando
unas realidades cuyos fundamentos a nadie, de los intentos fortuitos que se le
ocurrió tal o cual día mostrar en llanas palabras, pudo siquiera entender qué
diablos es llano. No del todo.
Tampoco ha buscado tanto. Ni busca. Ni escribe. Ni repasa.
Ni piensa. Ni vive. Eso es para otras personas, para otra “gente”, la de ahí
fuera.


No hay comentarios:
Publicar un comentario