miércoles, 16 de abril de 2014

Sobre escribir y repasar

“Perdido, ¿cuánto tiempo ha pasado? ¿Lo recuerdas? Apuesto a que no. Y por cómo te veo puedo decir que te arrepientes. No, no agaches la cabeza, mírame. Mírate. Este eres tú, lo eras, y lo serás. Ni te atrevas a apartar la mirada.

Sabías que pasaría, lo pensaste, lo aseguraste y lo descartaste. Necio confiado… si tan siquiera hubieras sido lógico, incluso ilógico, pero no, tuviste que pretender. Intentaste apoderarte de una felicidad en la que no crees, aferrando tu tan poco apreciado pseudo-concepto de vida a este plano de conciencia que bien pudiera ser otro. Tuviste que poner la niebla al sol de cara.”

Su diario debía ya odiarle por todo aquello. Repasar lo escrito en momentos de dudosa concentración (o completa, según momentos) significaba arrancar la hoja, con fuertemente controlada ira a pulso con el desdén. Odiaba y despreciaba aquella persona. Y, por otra parte, la mera idea de que las ideas, con tanto tiempo moldeadas, criticadas, comparadas, odiadas y amadas, pudieran quedar petrificadas en un pedazo de folio… era una estupidez. “Esas cosas no estás hechas para quedarse quietas”, pensó en algún momento. Escribir, repasar, son cosas que sin diario es posible olvidar mejor. Sin diario, sin tentación, sin pluma ni cordura con que esbozar un atisbo de continuidad.

Se perdió en sus propias nubes de indecisión, de inconcluyentes finales a toda opción considerada, que no eran pocas, cerrando el círculo que dibujaban los mecanismos de prioridades, ¡hacia afuera! Todo posible. Todo, pero poco, probable.

“Aún fallas, ¿verdad?”

Por supuesto que fallaba. No era el objetivo acertar tal lotería. Todos se equivocaban.
Al final, el problema siempre había sido el mismo. Nada había cambiado, obviando la nimiedad de que no se había dado cuenta. Supuso, como siempre, que el único fallo posible es la completa falta de consciencia de la razón de todo. Sólo una posibilidad de fallo, tan fácil de evitar si sólo te fijas en él, ¿no? Cualquiera lo diría, si sólo tienes que fijarte en no caerte por “ése” acantilado, no será tan difícil esquivarlo. Pero es un problema algo amplio como para solucionarlo sin más, es, quizá, algo grande. Demasiado grande.

Tanto ha querido abarcar que ahora se ve sólo, imaginando unas realidades cuyos fundamentos a nadie, de los intentos fortuitos que se le ocurrió tal o cual día mostrar en llanas palabras, pudo siquiera entender qué diablos es llano. No del todo.


Tampoco ha buscado tanto. Ni busca. Ni escribe. Ni repasa. Ni piensa. Ni vive. Eso es para otras personas, para otra “gente”, la de ahí fuera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario