martes, 29 de diciembre de 2009

Oscuro rincón

Es como tener frente a tí una tarta con diferentes capas: bizcocho, chocolate y nata, por ejemplo. Incomprensiblemente darle un puñetazo y quedarse desparramada por toda la mesa. Coger una cucharilla y empezar a comer de aquí y de allá, mezclando los sabores y confundiéndolos. Es como intentar adivinar como era la tarta antes del golpe solamente con esas pequeñas cucharadas...

Es como intentar dibujar en medio de una tormenta. Los trazos se confunden por el viento, las formas se difuminan por la lluvia. La idea está clara en la mente, ¿lo está? no lo sé. El dibujo no se distingue y no sé donde miro...

Es como sentir una punzada en el pecho. No cesa, no descansa, no conoce piedad. Una gran herida, ese gran agujero negro de decepción que milagrosamente no te desangra. Sin morir. La tortura perfecta. El dolor de sentir la estaca que mantiene tu máscara y que impide el final. Puntos suspensivos que perforan una y otra vez. Como una épica frase de un drama que por capricho del autor no termina nunca. Y siempre habrá más...


Es como estar tirado en el suelo, dolorido y solo. Encadenado como un animal rabioso e incapaz de reaccionar. La impotencia de su prisión taladrándole la cabeza, le vuelve loco... lo mata por dentro, quema sus ansias de vivir. Todo queda reducido a una grotesca imagen de lo que entendía por "vivir". ¿Cómo era ser feliz?

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La tarta de una mente partida. La tormenta que él mismo siguió. A sí mismo apuñalado con la falsedad. Atado para escapar.

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¿Entiendes ahora porqué te pregunto? Libérame... o mátame.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Llama al ascensor

Un día más, otro día cualquiera sin nada mejor que hacer que subsistir e ignorar la espiral que dibujo con mis pasos. Nada especial, nada interesante, nada por lo que quisiera seguir con vida. La rutina que yo mismo me he construido me mata mes tras mes, semana tras semana, día tras día. Solamente para intentar olvidarme de mi mierda de vida, la mierda que me llega hasta el cuello y me aprisiona. Pero bueno, hoy igual que ayer, me voy al trabajo...

Cojo mis cosas con desgana y algo de asco, ¿algo? bah... no importa. Cruzo la puerta y echo los cerrojos. El rellano me produce claustrofobia, es oscuro, húmedo y lo único que se puede oír es el correteo de las ratas y algún grito en el piso de arriba. La matará algún día, no ha denunciado y nadie lo hará por ella, no es mi problema. Ya está aquí el ascensor.

No me hace falta alzar la vista para pulsar el botón "B", ha estado en el mismo sitio todos estos años. Clavo la vista en la puerta, viendo como se cierra, ahora estoy en un ataúd de metal colgado a 20 metros del suelo. Vaya mierda, se ha atascado otra vez. Puñetazo al botón y bajamos a la calle. Me gusta escuchar el traqueteo de los raíles, lo odio. Algo empieza en mi cerebro, no quiero pensar pero algo es diferente.

¿Va hoy más lento o es que por fin he perdido la noción de todo? Miro el panel de botones. ¿Qué cojones? ¡ESE BOTÓN NO ESTABA ANTES! No había un botón por debajo del "B", nunca hubo sótano. ¿Qué piso es? ¿Y porqué tiene mi nombre? ¿Qué clase de broma es ésta?

El ascensor para bruscamente y caigo al suelo. Mientras, parece que mi mente despierta del letargo, va muy rápido... otra vez! No quiero eso. Quiero salir de aquí. ¡Devuélveme mi rutina! No puedo salir, nunca hubo alarma. Nunca hubo escapatoria.

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Llevo ya 3 horas encerrado en mi tumba de acero. Mi única compañía es el triste reflejo de un hombre agotado mirándome desde el otro lado del espejo. Y me da asco, es como un extraño que me persigue día y noche. Quiero morir ya... el ambiente está muy cargado, estoy sudando y el cristal del espejo empieza a empañarse.

Me estoy volviendo loco, si todavía no lo estaba. Me parece ver como aparecen letras dibujadas en el vaho. No estoy loco, están ahí, diciéndome la verdad. Cruda realidad de la que quise huir, fugarme de mí mismo. Siempre lo supe y siempre lo ignoré, ahora se me presenta como un puñetazo en la boca del estómago. Me deja sin aliento y empiezo a marearme. Leo una y otra vez la sentencia: "Siempre estuve muerto"

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Consciente de mi situación, revelada en la locura, no espero salir de aquí. No tengo nada allá arriba, nadie me espera, nadie notará el cambio. Aquí abajo estoy mejor, así al menos no haré más daño. No estropearé nada ni amargaré la vida a ninguna otra persona. Yo ya no importo, siempre estuve muerto.

Me quedo aquí en mi pozo de desesperación, en mi ataúd de metal. Esperando que alguien pulse el botón del ascensor que me devuelva al mundo de los vivos.


viernes, 4 de diciembre de 2009

Habladme

[Eres como un tumor cerebral, estás en mi cabeza sin mi permiso. Te extiendes como una plaga antes de la cosecha. Inundas cada rincón de mi pensamiento con los tuyos, haces olvidarme de cómo reaccionar, de cómo actuar o pensar. Me miro en el espejo y veo a un extraño, un títere movido por los hilos de las mentiras y las falsas esperanzas que corroen los tejidos de mis propios pensamientos. Eres un tumor. Sólo el tiempo dirá si eres maligno o benigno, si matas o ignoras.]


¿Quieres vivir sin esperanzas? ¿Es eso lo que "de verdad" quieres? Lo dudo mucho, todo el mundo necesita tener esperanza. No pasar por la vida sin rumbo, sin aspiraciones ni sueños. Una meta. Algo por lo que luchar y sacrificarse, algo que merezca la pena, ¿qué eres sin eso? Una marioneta, un zombi, un cadáver andante que lo único que espera es que algo lo mate. Porque no importa, nadie notará tu ausencia, no habrás sido importante. No puedo creer que sea eso lo que quieres.

Estúpido entrometido. ¿Esperanza? ¿Para qué? Si quieres algo, cógelo. Si no lo quieres, suéltalo. Sin complicaciones. Pero bueno, si quieres hacerle caso, allá tú. Pero dime una cosa. ¿Recuerdas todas aquellas veces? Eras mas o menos normal, tenías tus ambiciones y tus cosas. PUF! Eres diferente, eres YO. Te asustas de tí mismo, de mí. Siempre abstraído del mundo, estás aquí, imaginando, maquinando, planeando, siendo libre. Aquí todo es posible. ¡Recuerda los malditos sueños! ¡Eran felices! Por un momento fuiste feliz. En tu miserable vida esto es a lo único que puedes aspirar. Soñar que eres feliz, ¡Y NADA MÁS!

No, no, no... Tal vez haya algo. Algo por donde trepar y salir. No queremos seguir soñando, asesinas con tus visiones. Y si... no lo sé. Tienes que haberlo visto. Tú te encargas de ello, tienes que haber visto "algo", es extraño, como tú.

JAJAJA! ¿Quieres "en serio" que te diga lo que veo? No lo creo, explotaríamos. Y, aunque me parezca divertido jugar así, no quiero morir yo también. Aún tengo mucho que atormentar.

¿Y si...?

¡CÁLLATE!
[Black, White and Grey...]

jueves, 5 de noviembre de 2009

La Isla

En mis aventuras por descubrir los secretos de la mente, al menos una parte de ella, me he topado con todo tipo de cosas. Sentimientos, sueños, esperanzas, lazos... pero sobretodo confusiones, muchas confusiones. Pero de entre todos los escombros que guardan las mentes de pensamientos recortados y doblados, ocultos a la vista, pero que están ahí, solo hay que desenterrar lo olvidado, lo ignorado. Quizá las respuestas estén dos metros bajo tierra.

Es así como encontré una vieja historia inacabada, ni siquiera estaba formada, pero ya existía. Las ideas flotaban por un espacio oscuro e infinito a la espera de ser cazadas. Hablan por sí solas, de la única manera que una idea puede hablar a otra idea.

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Cuenta la historia que un hombre se hayaba en medio del océano, superviviente del naufragio del barco donde viajaba.

Estaba completamente solo, en una pequeña barca, a la merced de los elementos. La barca aguantaba bastante bien las tormentas, si se producía algún desperfecto lo arreglaba, si llovía se acurrucaba. Durante un tiempo estuvo "viviendo" en aquella barca a la deriva. Y no murió, pues había esperanza. Sobrevivió, y llegó a la isla de sus sueños.

Se la encontró de repente, de alguna manera creía que la encontraría tarde o temprano. Era perfecta, una isla pequeñita con todo lo necesario para vivir. Contruyó allí un pequeño refugio con las tablas de madera de la barca. Recogía comida de lo que le daba la isla, no había nadie que le molestara, tenía mucho tiempo para pensar en sus cosas, escribía historias. Todo era perfecto, un sueño perfecto. El clima también era bueno, casi siempre hacía sol, y sólo llovía suavemente cuando el calor secaba la tierra. Tan feliz.

Pero aquel hombre pensaba, y la duda empezó a abrirse paso en su feliz mente. Sospechaba que, al igual que el barco, aquello también tendría un fin. Y así ocurrió.

El clima soleado se vió ensombrecido por las tormentas y los maremotos. El hombre se aferraba a los árboles, se aferraba a la vida. La isla sucumbió a la ira del mar, una serie de inmensas olas se abalanzó sobre ella y arrancó todo signo de vida de aquella tierra. Antes solo era un punto escrito en un gran folio azul, ahora ni siquiera eso.

Nuestro hombre se vió a sí mismo con pena. Agarrado aún a un tronco, ahora muerto, de nuevo a la deriva. Arrastrado por las olas se pregunta que será de él... piensa en la muerte. Tal vez sea su fin. Las tormentas y el granizo azotan su cuerpo desprotegido. Sueña con la isla, y muere un poco cada vez. Duda... duda de la exitencia de la tierra, de cualquier tipo de isla. Ni siquiera sabe si estuvo en aquella isla o si todo fue un sueño estando en su barca.

Muere un poco cada día.

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Hablando de idea a idea, de mente a mente, todo se confunde. Al igual que el blanco se mezcla con el negro, el negro se mezcla con el blanco y el gris se encuentra mareado y saturado. ¿Qué es arriba y qué es abajo? ¿Dónde está el futuro y dónde mi pasado? ¿Quién soy y a dónde voy?

¿Tiene esto algo de sentido? Dudas. No busco más respuestas, tengo demasiado, quiero volver a ser ciego, construir a ciegas muros al azar. Que paren lo que puedan y que si caen no importe. Arquitecto de mentiras, las mentiras que alimentan al mundo.




Se oyen truenos otra vez.

martes, 13 de octubre de 2009

Los Libros

- ¿Qué...? ¿Qué ha pasado? [Me sentía como si me hubiera atropellado un tren.]
- ¿Estás bien?
- No lo sé... creo que si. [Por supuesto no era cierto.]
- Levántate.
- ¿Qué es este sitio? [Todo blanco, sin suelo, sin techo.]
- Es tu cabeza.
- ¿Qué? [¿Tan vacío?]
...
- ¿Y qué es todo esto del suelo? [Era un desastre, todo sucio, parecía que hubiera habido una demolición allí.]
- Eres tú. Lo que queda de ti. Los restos de tu cabeza. Ve, recógelos.

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- ¿Ya estás de vuelta?
- Si. [Aunque no sé de dónde venía.]
- ¿Y qué tal?
- Bueno, no había gran cosa de una sola pieza. [Estaba todo destrozado.]
- ¿A qué te refieres?
- No estoy seguro, pero solo había tierra, o polvo, o algo parecido. Y de distintos colores. No lo entiendo. [¿Colores? ¿Porqué esos colores? Se confundían unos con otros, una locura.]
- ¿Qué traes ah´entonces?
- A eso iba... esto es lo único que he encontrado. Son... libros... tres. [Grandes libros, pero parecían sencillos.]
- ¿Tres libros? Interesante.
- Míralos. [Allí estaban.]

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Tres libros, parecían viejos, pero al mismo tiempo con poco uso. Eran de esos libros con tapas duras que insinúan una gran obra. Pero... parecían tan.. sencillos... No tenían título, ninguno de ellos. Dos de ellos eran exactamente iguales, el tercero era más fino y era visiblemente más nuevo.

Me dispuse a abrirlos. Elegí uno de los más gruesos, el que parecía más antiguo. Abrí la tapa. Y leí lo que parecía un título: "Blanco". Y justo debajo un número romano indicaba: "I". Debía ser el primer tomo.

Cogí después el siguiente, el que parecía antiguo también. Por fuera era igual que el primero. Abrí la tapa, esta pesaba más, eran iguales pero este pesaba más. Un título con letra gótica decía: "Negro". Seguido también de un número romano: "II".

Sólo quedaba uno. A simple vista parecía un cuaderno, solo que algo... distinto. Era considerablemente más nuevo, sin embargo había señales de haberse usado poco antes. Abrí la tapa, era sorprendentemente ligera, como si fuera una página. En el interior había un título escrito a mano: "Gris. El hijo bastardo. 3." PArecía no cuadrar con los otros dos. Estaba escrito a mano, tenía dos títulos y el número no era romano, era muy distinto.

Pero todos ellos tenían una característica común en el contenido. Eran tan complicados... llenos de metáforas, citas y otras cosas. No pude seguir un hilo argumental, como si alguien hubiera escupido en ellos pensamientos aleatorios. No he logrado entender nada.

Por el momento solo sé que... todo lo que me queda son estos libros y no sé que hacer con aquella locura destrozada donde los encontré.


lunes, 28 de septiembre de 2009

En la puerta...

Feliz ignorancia... te echo de menos.

Cuando el ciego no sabía que tenía delante, cuando no le hacía falta saberlo, y ni siquiera sabía si quería saberlo. Parece que no estaba ciego del todo, tal vez fueran unas cataratas puestas a traición. Parte de la bruma se ha ido disipando...

...¿para qué? Solo para darse cuenta de donde está metido, en un puto cenagal cubierto de mierda hasta el cuello.

Y ojalá solo fuera eso... tétricos chistes que me tiro como piedras hacia arriba, esperando que alguna se decida a abrirme la cabeza. Y entonces...

...¿qué estás haciendo? Lucha contra tu alrededor, escapa, enfréntate. Y...

...vuelven las piedras. Y no todas son mías.

...

Y yo creía que mentía... ignorante. Allá afuera hay mucha más mierda. Y no siempre la verás venir. ¿Qué hago ahora?

...

Tal vez lo mejor... sea... reconstruir...

no... No creo que pueda pasar por eso otra vez... Volver a levantar los muros. Resistir los asedios con muros más fuertes, ¿es eso lo mejor?

Definitivamente no. Pero mis guerras son mías. Y, ¿quién quiere involucrarse en la guerra del vecino? No debo dar esa opción. Y si la guerra destroza todo lo que toca, yo me iré con ella, ¿qué más da?

...

Guerra dentro, guerra fuera. La de afuera... paso de ella. La de dentro... bueno... la locura tampoco está mal, ¿no? Me acostumbraré a mi locura...

No llego a comprenderlo, es como si hubiera abandonado mi castillo... me he plantado frente una puerta que no era la mía a la espera... no puedo hacer más.

¿Hospital psiquiátrico? Ven, si quieres, te enseño el camino...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Tú ves, y yo... ¿qué?

Tanto trabajo... tanto esfuerzo... decepciones... ¿qué queda ahora? ¿Para qué ha servido?

Intentando matar las horas de tristeza a base de ladrillazos... no sirve.

Dando la espalda a los problemas... ¿¡qué problemas!? Ni siquiera sabes si tienes problemas!!! Todo está en tu cabeza, pedazo de imbécil!!!

Mucho. Me ciega... no veo... ¿ves? Dirás lo que quieras pero no lo veo.

Dime tú qué ves y yo quedaré ¿maravillado? ¿fascinado? ¿abrumado? ¡Aléjate de mí! No me digas que lo ves todo, al igual que no le enseñarías el pedazo de pan sin dárselo al ser hambriento que tienes frente a tí.

Hasta ahora había un muro... ¿infranqueable? Por supuesto que no. ¿Alto? Puedes apostar a que asi era. ¿Sólido? Menos de lo que creía el arquitecto.

Arquitecto de mentiras, araña que teje los hilos de una vida inventada. Manipulador torpe e indeciso que no sabe mas que manipularse a sí mismo. Y no es muy bueno, ya puedes verlo. ¿¡LO VES!? ¡¡¡CLARO QUE SI!!!

Un ciego contemplaba el muro. Orgulloso de su obra, o quizá no tanto. Y cuando quiso darse cuenta, le chafó como quien aplasta una figurita de plastilina. Nadie le avisó de que se estaba inclinando, pues nadie sabía de su existencia.

Ahora... fuera lo que fuera que había tras el muro está ahora libre de ataduras. ¿Quién sabe qué es? ¿Bueno, malo, diferente? Qué más dá si nadie lo ha visto caer.

¡¡¡DIME AHORA QUE LO VISTE!!!

martes, 11 de agosto de 2009

Un viejo conocido

La gente que te rodea. La gente que, más bien ya por costumbre, dice que te quiere. Aquellos que siempre han estado, no cerca de tí, sino girando en círculos alrededor de lo que creen que eres tú. Solamente te mantienes al margen de tu propia existencia siendo lo que no eres para que aquellos se sientan bien, para que no piensen que se han equivocado contigo. Se sentirán bien porque han conseguido de tí lo que esperaban. ¿Qué esperaban? Ese fingido cariño, esas estúpidas y encantadoras carcajadas, esa falsa compañía. Pero ahora recuerda, intenta agrupar todos esos momentos, ¿no crees que falta algo? Aún me queda algo de "humanidad", nunca dije "te quiero", no sé si eso podría fingirlo. Y llegados a cierto punto, no sé si llegaré a decirlo.

Todo eso pasó. Todo ahora es diferente. Ya no hay risas, tal vez las de cortesía y nada más. Has pasado de la mentira al ¿rechazo? Algo así. Todas aquellas mentiras están agolpándose en tu mente, todas te recuerdan lo feliz que eras, que no era real. Formando un muro casi infranqueable. Es lo que ansías por encima de todo. Tienes todo un catálogo de frustraciones, una colección interminable de decepciones, todas las mentiras. Y al otro lado, un par de cosas alegres. Esas cosas te afectan mínimamente, ambas. Es mejor así. Probaste la indiferencia, ¿te gustó?, ¿la odiaste? No te importa.

Pero, oh! viejo amigo. Tú no podías dejarlo pasar. Viste como, poco a poco, conseguía superar algunos obstáculos, pese a estar sacrificando otras cosas. Pero, aún así no estabas contento, nunca lo estás. Y decidiste hacer algo, añadir la pizca picante y molesta, decidiste perturbar mis intentos de pasar por la vida. Perturbaste mis sueños, lo único que nunca me será indiferente, lo que nunca podré domar.

Muy bien... te vas superando con el tiempo. Ya no te dejas influenciar por mis pensamientos. Coges, directamente todo aquello que he intentado durante años bloquear. Y te has dejado, has abandonado el estilo y te has pasado al mundo de la crueldad ignorando el de las sutilezas, antes era divertido.

Ahora, más que nunca, te odio.

...me odio.

No es lo que había pensado para mí.

viernes, 22 de mayo de 2009

Una bestia dormida

Un agente entró a la sala de interrogatorios. Yo, como de costumbre, permanecía tranquilo, no me giré para mirarlo. Sabía que sería el mismo agente de otras veces -ni sabía como se llamaba, ni me importaba-, aborrecía su cansada expresión de abatimiento. Demacrado por tantas y tantas frustaciones, muchas de ellas por mí.

-Otra vez tú. Has durado poco afuera, eh?
-¿Me echabas de menos?
-¡Escúchame bastardo! Esta vez te vas a pudrir en una prisión, te vamos a encerrar de por vida.
-Eh, eh, eh. ¿De qué me está acusando?
-¿Te suena la historia de una familia entera asesinada en su casa?
-Eeeeeh... no.
-¿La sangre por las paredes y por el suelo? Acuchillados, ¡TODOS!
-Parece muy triste.
-Deja de tomarnos el pelo a todos. Tenemos pruebas que te incriminan. Tus huellas en el arma homicida, ADN junto a las víctimas y pisadas que coinciden con tus zapatos.
-¿Qué quieres? Vivía allí.
-Ah, parece que ya vas recordando algo. Cuentamé porqué lo hiciste.
-No recuerdo bien, fue hace veinte años. ¿Viste el dibujo?
-Haz memoria. Si te declaras culpable tal vez no te tiremos a un pozo.
-¿Viste el dibujo?
-¿De qué coño estás hablando?
-No viste el dibujo. Tú te lo pierdes, me quedó muy bien, todos los detalles... tal vez tengas algo allí.

El agente salió de la sala como un rayo dando un fuerte portazo y gritando "¡Como una puta cabra!". Ea gracioso y divertido ver enfurecer a la gente. Y si, lo recuerdo muy bien... Yo no había sido, o eso creía. Recuerdo haberme dormido y despertar con aquel dibujo en la mano, y mi familia ya estaba muerta. Tenía sangre en las manos.

Después de aquello me fui de aquella casa, vagué por las calles intentando olvidar todo lo que había pasado. Y por un momento creí haberlo superado y olvidado -tras un par de semanas en la calle-, y entonces ocurrió de nuevo.

Esa vez fueron unos matones. Me refugié de ellos en un callejón, tras un contenedor, y de repente... me dormí. ¡Era imposible! Nadie se hubiera dormido en una situación como esa. Fue como una pesadilla.

Cuando desperté de nuevo tenía otro dibujo en mis manos, no me hizo falta mirarlo. Giré la vista... estaban muertos, degollados. Yo ni siquiera me había movido de mi posición.

Desde entonces ha sucedido más a menudo, hasta que murió un guardia de seguridad. Entonces sí que me cogieron. Hasta ahora he pasado por esta sala varias veces, pero nunca tenían pruebas. Ahora que han investigado más, parece que también lo de mi casa... temo que vuelva a pasar.

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Pasé en la sala de interrogatorios todo el día.

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Serían las 8 de la tarde, fuera empezaba a oscurecer. Me dolía la espalda de estar apresado en aquella silla infernal, ¡joder, qué incómoda! preferiría sentarme en el suelo. Empecé a notar que los sentidos se me nublaban, estaba sumido en mis pensamientos, casi ni me di cuenta de que entraron dos agentes.

Empezaron a hacerme preguntas, no escuchaba. Me zarandearon para que les mirara, no quise moverme. Me... golpearon...

Entonces, de la manera más absurda imaginable en una situación como esa... sentí el peso de mis propios párpados y el sucumbir de mis fuerzas... me dormí...

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Ahora acabo de despertar y, recordando todo esto, me doy cuenta de que tengo que salir de aquí. Pronto empezarán a buscarme de nuevo.

lunes, 27 de abril de 2009

Luz

Ya sé que lo he dicho hasta la saciedad, pero debo decirlo una vez más... ¿Por qué?

¿Por qué no me conformo? ¿Por qué no lo acepto? No acepto el mundo que me rodea... No me conformo con lo que tengo... No quiero ser yo... Todo es demasiado estúpido, demasiado... "sencillo" no es la palabra... "llano" tal vez. Tan aburrido como caminar por un desierto con la arena como única compañía, y el Sol aplastándote la cabeza. Hundiéndote hacia abajo hasta que no tener fuerzas o ganas de luchar contra él. Porque sabes que, de los dos, antes caerás tú.

Simplemente no me gusta esta realidad, esta manera de ser todo. Porque todo está dirigido con normas, leyes científicas, leyes naturales, leyes humanas... (Humanos... como los odio...).

Pero de vez en cuando surge una luz... Una que nadie más puede ver, algo que realmente puedo llamar "mío". Es una luz curiosa, pero es tremendamente cruel. Aparece en forma de mundos en los que estoy a gusto. En los que me puedo identificar, las normas las pongo yo, y elijo que no las haya. Elijo ser yo...

Y después... se va. Me caigo de nuevo en "esta" realidad, ahogado por ella.

Sólo espero que aquella luz vuelva.

miércoles, 22 de abril de 2009

Llora por tu indiferencia

De pié...


Con la mirada perdida...

Perdida en la indiferencia...


Su cabeza...

Pensando en "nada"...

No había dolor... No había placer...
No había soledad... No había amor...

No había preocupación... Había indiferencia...


Notó un calor extraño en su rostro...



Para sí mismo...
Una lágrima de indiferencia.

viernes, 6 de marzo de 2009

Duerme, muchacho

Tras una dura semana de trabajo pensé que me merecía un pequeño descanso. Me tumbé en la cama a mirar por la ventana. No había una bonita vista ni pájaros cantando, pero me relajaba, un pequeña ciudad tranquila que descansaba también. Parecía incluso que me devolvía la mirada tal vez cansada. Me concentré mirando las lejanas montañas, quién sabe que secretos guardaría...

"Ups! Creo que me he quedado dormido." Abrí lentamente los ojos. Ya estaba oscuro, y sentía algo en las manos, estaba cogiendo algo. ¿Un folio? Era un dibujo, un escalofrío repentino recorrió toda mi espalda, se me erizaron los pelos. Era una escena horripilante, había personas muertas... parecían haber sido asesinadas brutalmente. Era una familia entera. Estaban dibujadas con gran detalle la sangre, las heridas y las sombras. ¿Porqué tenía eso en mis manos? ¿De dónde había salido? Entonces me miré las palmas de las manos... las tenía manchadas de ceras de colores, sobretodo negro y rojo. Lo había dibujado yo.

Quise olvidarme de aquello, pese a ser un gran trabajo. Me fui hacia la cocina, mamá ya tendría casi lista la cena. Pero la casa estaba toda oscura, no había ninguna luz encendida, tal vez se fueron a algún sitio. "Veré un rato la TV" pensé, y me dirigí hacia el salón. Sólo llegue hasta la puerta. Lo que vi me dejó clavado en el suelo.

La tenue luz que llegaba desde la farola de la calle resaltaba cada detalle. Era la escena del dibujo, mi familia.

Caí de rodillas al suelo, abatido. No podía ser cierto. Me miré de nuevo las manos, manchadas de sangre, manchadas de maldad. No podía ser cierto. Caí de bruces contra el suelo, me desmayé, o tal vez me dormí. Quise volver a mirar las montañas.